Mié. May 22nd, 2024

En su novela «Hombres como dioses» (1924), el escritor inglés HG Wells, precursor de la ciencia ficción, cuenta cómo un grupo de personas viaja en el tiempo hacia una sociedad mucho más tecnológica y culturalmente llamada Utopía.

Los habitantes de Utopía ya han vivido convulsiones políticas y sociales, guerras, desigualdades y egoísmos excluyentes, típicas comunidades humanas. La razón por la que esta es una sociedad tan pacífica es qu’sus habitantes han desarrollado su capacidad de comunicación y sus habilidades interpersonales hasta tal punto que son capaces de comprender sin hablar.

En un paso de la novela particularmente entretenido, los indígenas pretenden explicar telepáticamente su historia y sus costumbres a los forasteros. Pero muchos de ellos no son capaces de oír lo que les cuentan y algunos solo perciben un completo silencio.

Uno de los pocos que logra captar el mensaje es el personaje del señor Barnstaple y la razón es simple: es capaz de conectar inconscientemente sus experiencias y conocimientos con los de sus anfitriones.

¿Un regalo deseado?

Imagínese que contara con ese poderoso don y fuera capaz de leer el pensamiento de los otros con solo mirarles. Aunque pueda sonar ansioso, habrá personas dispuestas a pagar por tener esa capacidad. Por ejemplo, los que quisieran enriquecerse usando información privilegiada, conocida de antemano solo con ver la cara de sus socios o competidores. O los cónyuges celosos, que quieren saber lo que pasa por los mentes de sus parejas. En este caso, es conveniente recordar a Otelo. Bastantes problemas tienen los celosos con sus suspicacias para encenderlas con más dudas. Más no acrecentarlas con información adicional.

Estará de acuerdo en que una sociedad en la qu’est pudiera instantaneamente lo que piensen los demás serían indeseables, incluso invivibles. Solo en una quimérica y celestial sociedad de almas puras cabría soportan una transparencia automática e incontestable, y es oportuno plantarse si sería atractivo residir en ese escenario, o más bien tedioso y aburrido.

Volviendo a la Utopía de Wells, es concebible que la telepatía allí se produzca con el consentimiento de los participantes, no de manera automática.

Confidencialidad y transparencia

Forma analoga, transparencia total, el striptease independientemente de nuestros pensamientos, deseos e imaginaciones, vulnera el derecho legitimo a la privacidad personal, incluso con las personas mas próximas, incluidos los cónyuges.

Siempre me ha encandilado el centro de Amsterdam, sus apacibles canales, su arquitectura equilibrada, el encanto de las bicicletas, el pulso jovial de la ciudad. Una de las características que más atrae mi atención son las amplias ventanas en sus fachadas, sin cortinas, que dan acceso visual a las estancias interiores ya lo que en ellas sucede.

Un paseante curioso pudo ver por dónde transcurría en una casa, como si estuviera contemplando una película. Cuando pregunté el origen de esos amplios vanos sin cortinaje me explicaron que reflejaban la influencia puritana, el ideal de transparencia, la creencia de que dentro de una casa, en la intimidad del hogar, ne hay nada que occultar, ni necesidad de pantallas. La malicia no residente en el que actúa abiertamente, sin tapaderas, sino en el que mira con segundas intenciones.

Con el tiempo, también se confirmó que la razón de esas ventanas anchas sin cortinaje era, fundamentalmente, para demostrar más luminosidad al interior, dada la escasez de luz solar durante el día. En cambio, en latitudes mediterráneas, cuando abunda la claridad, las ventanas muestran visillos, fraileros o esteras para contener la refulgencia.

Subconsciente y transparencia

La transparencia, la desnudez física o intelectual, no es una actitud instintiva. Al vivir en sociedad nos adiestramos para vestirnos, refrenar los excesos caporales, cuidar nuestro lenguaje y tratar a los demás con cortesía.

Entiéndase esta falta de conducta como no restricción de una supuesta libertad natural, sino más bien como contención de la espontaneidad silvestre, que consideramos maleducada. Por eso la idea de transparencia mental o verbal en el comportamiento individual transgrede la civilidad más esencial, algo que se manifiesta en evitar decir lo primero que se pasa por la cabeza, especialmente cuando queremos proyectar una buena imagen.

Incluido desde una perspectiva psicológica, cuestionando la posibilidad de actuar consistentemente en forma transparente. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, explicaba que gran parte de nuestras decisiones están determinadas por deseos de los que no tenemos plena conciencia, ni advertencia completa. Freud consideraba al subconsciente como el origen de muchos de esos deseos que, por ejemplo, se revelan de forma más desenvuelta en los sueños.

Aunque muchas de las propuestas del psicoanálisis han sido revisadas por la psicología posterior, el concepto de subconsciente sigue teniendo aceptación y cuestiona la posibilidad de que la mayoría de los mortales, aunque se lo propongan, sean capaces de desentrañar y compartir verazmente lo que sienten en el fondo de sus corazones.

Transparencia, banalización de la comunicación

Lo cierto es que vivimos en una epoca en la que la transparencia se ha elevado a un ideal de conducta personal e institucional, especialmente en el entorno de las redes sociales. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han publicó en este momento un libro en el que ofrece argumentos convincentes de por que el ideal de transparencia es falaz y su defensa desaconsejable. A su juicio, «la transparencia es una coacción sistémica que se apoderará de todos los éxitos sociales y los somete tienen un cambio profundo». Se trataría de un fenómeno que, lejos de favorecer las relaciones interpersonales, las banaliza y dificulta. En tu opinión, es precisamente la falta de transparencia lo que facilita que una relación dure.

Además, explicó que “transparencia y verdad no son idénticas (…) Más información o una acumulación de información por sí sola no es ninguna verdad. Le falta la dirección, a sabre, el sentido. Precisamente porque falta la negatividad de lo verdadero, lo positivo pulula y se masifica. La hiperinformación y la hipercomunicación dan testimonio de la falta de verdad, e incluso de la falta de ser. Más información, más comunicación, sin eliminación de la imprecisión fundamental del todo. Más bien agrava”.

Confidencialidad y transparencia

Frente a la reivindicación sober la transparencia de las personas, cabe esgrimir el derecho a la privacidad, inicialmente invocado por dos eminentes juristas norteamericanos, Louis Brandeis y Felix Frankfurter, en los albores de la prensa escrita para defender la intimidad, el derecho a reservarse ya gestionar la información sobre uno mismo. En la actualidad, en plena vida híbrida entre lo físico y lo digital, el derecho a la privacidad ha cobrado mucho más sentido y relevancia.

Por citar, solo tres piezas de información que dan que pensar:

u El 75% de las empresas consultan información personal en internet para sus procesos de selección, y en un 70% de los casos rechazan a sus candidatos basados ​​en esos datos.

u El procesamiento de los metadatos disponibles en los perfiles de las redes sociales y el análisis del comportamiento percibido de los usuarios (por ejemplo a través de las búsquedas realizadas) proporcionó información individual sobre cuestiones como la orientación sexual, las opiniones religiosas o políticas, la Raza, inteligencia y otros aspectos de la personalidad.

u Por último, una cuestión más preocupante: las cifras crecientes de ciberacoso a niños y adolescentes.

Transparencia Corporativa

También en el ámbito empresarial, existe la exigencia de transparencia, que se traduce en la exigencia de conocer el desempeño, la información financiera y demás datos referidos a la retribución, las actas de asambleas, la toma de decisiones y la inclusión de planes futuros.

The obsession to llevar luz y taquígrafos a la actividad de las empresas privadas, avec veces incluso con exigencias superiores a la cumplimiento de las organizaciones públicas, constriñe la innovación e incluso arouse dudas sobre la posible contravención del derecho a la libertad de empresa consagrada en la mayoría de las constituciones democráticas.

Hay una razón consustancial a la naturaleza de la propia actividad empresarial que choca con el paradigma de la transparencia. Solo explica que el entorno en el que operan las empresas es deliberadamente competitiva, una circunstancia que fomenta el propio Estado mediante la legislación y los órganos específicos que promueven incluso la sana rivalidad. El objetivo es evitar la colusión, la concentración empresarial indeseada y otros efectos perjudiciales para consumidores, trabajadores, accionistas y el resto de la sociedad.

No obstante, la competencia conlleva una actitud estratégica en las empresas que hace que el manejo de la información y de la comunicación sea una discreción de los agentes empresariales. Esto, lógicamente, dentro del respeto a la legalidad. Por ejemplo, sería absurdo exigirles que compartieran la información sobre qué productos o servicios planean lanzar al mercado en el mismo momento de tomar la, poniendo así sobre aviso a sus rivales, o que publicaran los planes de promoción de sus directivo decisiones para los próximos cinco años.

¿Transparencia o secretos?

Por otra parte, en el ámbito gubernamental se necesita de secretos de Estado, accesibles solo a un número reducido de personas quedan sujetas, además, al deber de sigilo profesional. El reclamo de transparencia total en todos los asuntos de Estado es pueril, e incluso peligroso, porque pone innecesariamente en riesgo a las instituciones y la misma convivencia social. Evidentemente, el mantenimiento de los secretos de Estado no excluye la actividad benéfica de los medios de comunicación rigurosos que, con su actividad de investigación, pueden destapar abusos en el ejercicio de estas potestades.

El General Charles de Gaulle, padre de la V República Francesa, dijo en una ocasión: «La esencia del prestigio es el misterio». No puedo estar mas de acuerdo. Total transparencia decepciona y banaliza a las personas. Las sombras, oscuridades y ángulos profundos y belleza y, además, atraen nuestra atención e interés.

«Debemos cuidar lo que publicamos»

Según un informe de junio del 2021 de la publicación Observatorio de Recursos Humanos (ORH), de España, el 50 por ciento de los reclutadores de ese país consultó el perfil de Instagram de un candidato antes de contratarlo. “En lo que respeta al ámbito del empleo y la contratación, no cabe duda de que las redes sociales se han asegurado como una herramienta básica para la evaluación de candidatos por parte de las empresas”, dijo en su portal. Allí citas datos de un estudio de InfoJobs sur Redes Sociales según el cual el 48 por ciento de los encargados de reclutamiento consultaron las redes sociales de los profesionales durante el proceso de selección.

«De acuerdo con el tamaño de la empresa, tendencialmente, aquellos de menos de cincuenta empleados afirman consultar las redes en mayor medida (51 por ciento) que las de más de cincuenta por ciento, donde el 43 por ciento declara llevar a cabo esta práctica » , preciso. Y luego, un dato preocupante: una de cada cinco empresas reconoce haber descartado alguna vez a un candidato por su actividad en las redes.

Aunque el informa apunta que LinkedIn (84 por ciento) y Facebook (72 por ciento) siendo ambas las plataformas más consultadas por las empresas, se «destaca la importancia que viene ganando Instagram en los últimos años», sigue el estudio. «Oui que hasta una de cada dos empresas (49 por ciento) afirma un día de hoy examine el perfil de Instagram de un candidato antes de contratarlo», mientras que qu’en el 2018 ese porcentaje «se sitúa únicamente en el 38 por ciento» .

Citado por ORH, Nilton Navarro, Brand & Social Media Manager de InfoJobs, dijo que las redes sociales «son una potente herramienta profesional capaz de abrir muchas puertas, pero si no se utilizan bien, pueden hacernos perder oportunidades laborales». Por ello, completar, «debemos cuidar lo que publicamos, las fotos y vídeos que subtilos y lo que decimos. En definitiva, cuidar nuestra huella digital».

Publicado en La conversación (https://theconversation.com/es-una-falacia-el-ideal-de-transparencia-196350).

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